Que tal si invitaras a 39 amigos de viaje para que disfruten de 730 metros cuadrados y se puedan relajar tranquilamente. Dreamliner BBJ 787-8 VIP, el último coloso de Boeing que surcará los cielos y cuenta con un máximo de 17 horas de autonomía. Eso sí, no cualquiera puede darse estos caprichos, su costo es de 260 millones de euros. Este palacio volador cuenta con todas las comodidades imaginables de una mansión de revista y se han extrapolado a este bimotor privado de ultralujo.

El primer pedido ya fue hecho por parte de la compañía China’s HNA Aviation Group, que lo usará para los vuelos chárter de magnates de altos vuelos y que necesitan cerrar negocios por todo el mundo en un santiamén. El 787-8 tiene previsto su lanzamiento para este mes de agosto. Será momento de que unos pocos privilegiados disfruten de su comedor, del salón para reuniones, de sofá-camas que se convierten en divanes confortables, suite privada con California size y solo 48 decibelios durante el vuelo, cinco baños con mármol italiano y austriaco, televisiones infinitas, sala de juegos, acceso a Internet de alta velocidad y a llamadas a través de GSM, maderas nobles y cuero por doquier que hacen olvidar el insulso fuselaje (la fibra de carbono abriéndose paso donde antes había aluminio y acero…). Siete tripulantes harán que la experiencia sea aún más placentera porque se descorcharán vinos de las mejores bodegas del mundo y se dará cuenta de una carta gastronómica firmada por un chef estelar.

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El 787-8 VIP inaugura una nueva era en la que los aviones se convierten en verdaderos palacios, que además no necesitan de (aburrida) escala técnica para repostar queroseno. ¿De Los Ángeles a Dubai? será un vuelo directo. Esta actualizada versión del Dreamliner es un 20 % más eficiente que su hermano el 767 debido a su acabado y al peso liberado: solo viajan un total de 47 personas (y sus equipajes). Detrás de esta completa customización sostenible se encuentra Stephen Vella, ingeniero aeroespacial y CEO de la Kestrel Aviation Management, empresa radicada en Norwood, Masacchussetss (EEUU). Vella, nacido en Gibraltar, políglota e inquieto empresario, es el responsable de dar un paso más en la metamorfosis de la aviación comercial, algunos de cuyos novísimos aparatos pueden recaer en manos de potentados de todo el planeta.

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Jeques, recientes megaempresarios orientales y rusos, jefes de Estado y anónimos archimillonarios del planeta se hallan entre la futurible clientela del nuevo Dreamliner, una elite que busca extrapolar sus mansiones terrestres a 13 kilómetros del suelo y que no les place viajar en la primera clase de los aviones. Arropado por un equipo de seis personas y en colaboración con el estudio parisino de diseño del experto interiorista en yates y aviones Jacques Pierrejean, Vella supervisa un proceso que le lleva más de 18 meses entre pruebas, instalación y certificación. El cliente cubre todos los costes, y Kestrel Aviation acuerda una tarifa en función de las horas empleadas y del nivel de excelencia de los encargos, algunos de los cuáles a buen seguro provendrán de Arabia Saudí. Porque durante años su Gobierno y su extensa familia regia han sido propietarios de una gran flota real de aviones (re)convertidos en palacios con toda filigrana, entre ellos cinco Boeing 747s. En breve, el 787 enfilará unos derroteros donde viajar rápida y cómodamente por el mundo sea como andar en su propia casa.

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